Cada año, parece que la Navidad empieza más pronto. Desde finales de octubre empiezan a aparecer los primeros turrones en las estanterías de los supermercados y los catálogos de juguetes llegan como por arte de magia a las manos de los niños para que con tiempo elijan su regalo a Papa Noel o a los Reyes Magos.

La Navidad es una época marketiniana por excelencia. Esta época supone el más del 60% de las ventas anuales para las marcas de juguetes, las cuales aprovechan para “bombardear” a los más pequeños con acciones de marketing que les atraigan hacia un juguete en concreto. Muchas veces estas acciones se traducen en mucho dinero invertido, pero nada de entretenimiento, los niños abandonan sus juguetes al poco tiempo de sacarlos de sus envoltorios.

Esto es algo que frustra a muchos padres

Desde hace un par de años, la ilusión por un juguete nuevo dura entre tres y cinco horas de media. Los padres hacen los que sea por ver sonreír a sus pequeños durante estas fiestas. Sin embargo, a veces, las ganas infinitas por contentar a los pequeños acaban desbordándose en un salón repleto de juguetes donde los niños no saben muy bien a que atender. La imagen más habitual en la mañana de navidad o de Reyes en cualquier casa en la que hay niños, es la de los pequeños abriendo un paquete tras otro, rasgando el papel de regalo a toda velocidad para descubrir rápidamente que contiene y pasar al siguiente.

Lo más sensato es no comprar más juguetes de los pedidos. Mejor comprar regalos que les vayan a ser útiles y a los que realmente vayan a prestar atención, además de resultarles motivadores.

¿Qué pueden hacer los padres?

Los padres tienen que establecer límites. Enseñar a sus hijos que no pueden tenerlo todo, a eviten el consumismo innecesario y a apreciar el valor de las cosas. Los expertos aconsejan no excederse y fijan la cifra en tres regalos. No se trata de tomárselo al pie de la letra, pero sí que puede resultar orientativo.

Síndrome del niño hiper-regalado

En los últimos tiempos se ha apreciado una tendencia muy peligrosa para el desarrollo emocional de los niños, a la que se ha bautizado como síndrome del niño hiper-regalado. Este problema hace alusión al intento de los padres a compensar con juguete el poco tiempo que pasan con sus hijos.

Lo importante de los regalos es que los niños se diviertan y a la vez que fomentan sus capacidades cognitivas y favorezcan sus capacidades de aprendizaje.

Psicólogos y pedagogos lo tienen claro: la abundancia de regalos no es favorable para los niños. La primera consecuencia es que el niño no podrá atenderlos a todos, se crea cierta dispersión y es imposible que juegue con todo. Además, se fomenta en el niño el desarrollo de actitudes caprichosas, egoístas y consumistas.

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