prácticas medioambientales

La conciencia social por el cuidado de la naturaleza no comenzó a definirse hasta bien entrado el siglo XX, cuando la humanidad se dio cuenta de las terribles agresiones que estaba causando en la naturaleza. Por eso,  aunque todos somos ya conscientes de la necesidad de imponer buenas prácticas medioambientales, en muchos hogares todavía no se han establecido como costumbre.

Los hábitos y conductas de una persona se van fraguando desde la infancia y es el ejemplo el mejor modo de transmitir los comportamientos éticos y morales que todos deseamos para nuestros hijos. Pues bien, en el caso del respeto por la naturaleza y el medio ambiente, son ellos, los más pequeños de la casa, los que están contribuyendo con su ejemplo a modificar hábitos en sus hogares para instalar las buenas prácticas medioambientales.

El respeto por el medio ambiente es hoy en día un concepto ampliamente desarrollado en las escuelas y centros de enseñanza. Se explica y se insiste en conceptos como la contaminación, el reciclaje, la ecología, etc. Además, se practica con el ejemplo en el aula. De esta forma, se está ayudando a educar personas mucho más respetuosas con el medioambiente, de lo que lo fueron sus antepasados. También las actividades extraescolares centradas en educación medioambiental aportan experiencias que luego los niños trasladaran a la vida cotidiana en sus casas.

Algunos ejemplos de actividades:

  1. El reciclaje. El exceso de residuos generados por la población mundial es un grave problema que han de conocer los niños y las niñas. También las fórmulas para producir menos basuras y consumir menos materias primas. Por ello, el reciclaje se ha impuesto en prácticamente todas las etapas de la educación. Desde bien pequeños se explica la utilidad de los contenedores selectivos y se enseña a hacer la selección de residuos. También se suelen programar visitas a plantas de reciclaje. Aunque lo verdaderamente efectivo es instalar en el aula la costumbre de separar las basuras generadas: papel, plástico y orgánico. Es habitual y lógico que los niños trasladen después esa rutina a sus propias casas y, de esa manera, estimulen la conciencia medioambiental de sus mayores.
  2. Huertos escolares. Algunos centros educativos han apostado por mostrar e implicar a sus alumnos en la agricultura ecológica. Se trata de pequeñas huertas urbanas con las que se contribuye a fomentar el respeto por la tierra, a la vez que se incide en los hábitos de alimentación y consumo saludable.
  3. Talleres medioambientales. Con estas actividades, en muchas ocasiones extraescolares, se fomenta también el respeto por el medio ambiente. Se programan desde talleres de reciclaje artístico, que aprovechan materiales usados; hasta incluso limpieza de entorno naturales o talleres de concienciación sobre la defensa de la fauna y la flora.
  4. Visitas extraescolares. Adentrarse en un parque natural y observar la maravilla de la naturaleza en sí misma es una experiencia que contribuye también a la educación medioambiental. Del mismo modo, la visita a una granja didáctica favorece la formación de personas respetuosas con la fauna y la flora.
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